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18 dic. 2013

"Ventos de marzo", por Teresa Barro

España y las lenguas

Teresa Barro

La postura de España frente a las lenguas, las propias y las extranjeras, suele ser contradictoria e incoherente. Surge de una ideología político-religiosa que aunó la lengua al dominio imperial y a la imposición de una religión (¨hablar cristiano¨) y es también resultado de la mala formación intelectual de siglos.

La creencia de que ¨todos debiéramos hablar lo mismo¨ es profunda y llevó a que se quisiera imponer el castellano en toda la península ibérica y a que se aspirase en el fondo a que todo el mundo lo hablase y no hubiese que aprender ningún otro idioma. Pero también llevó a creer que hay que tener el idioma más fuerte del mundo en cada momento, por lo que se copió todo del francés cuando se creía que era el idioma del presente y del futuro y ahora se quiere copiar todo del inglés y se descuida y maltrata el español.

Puede verse lo mala que es la enseñanza intelectual en España en cómo se enseñan y no se aprenden los idiomas. Todo el mundo está desesperado por saber inglés, ese idioma que ¨ahora hace falta para todo¨, pero no se aprende a ningún nivel, ni primario ni secundario ni universitario.  Puede obtenerse el título de Filología Inglesa sin ser capaz de leer un libro o un artículo en inglés, aunque se haya aprendido de memoria cuántas vocales tiene el idioma y algunas reglas gramaticales. Hay un optimismo desaforado en cuanto que se cree que pasar una temporada en un país de lengua inglesa garantiza hablar como un nativo, y un pesimismo de fondo en cuanto que se está dispuesto a ir toda la vida a clase de inglés aunque no se aprenda.

Lo que suele aprenderse en la clase de inglés es, como en cualquier otra materia, ¨teoría¨, que no es más que una serie de datos, en general inútiles, que hay que memorizar. En un idioma extranjero no se enseña el sonido, la música o la entonación, y se pronuncia a la española, lo cual, aun si se supiese mejor de lo que se sabe, lo haría incomprensible a los oídos de quienes hablan ese idioma. El idioma extranjero se ¨convierte¨ al español, con una aspiración inconsciente a dominarlo y tratarlo como una colonia. En el fondo se tiene la esperanza de poder hablar inglés en español. Hay la falta de respeto por la materia, la falta de curiosidad intelectual y la falta de interés por lo diferente que caracteriza a la enseñanza que se imparte en España desde que la Inquisición la convirtió en un medio de amputar las facultades intelectuales para debilitarlas.

No se admite que para aprender algo hay que hacer siempre un intento activo y por cuenta propia. La actitud de pasividad lleva a creer que los idiomas se ¨pegan¨, pero los idiomas no se pegan, sino que se aprenden, y cada cual tiene que buscar sus propios métodos para hacerlo, porque lo que funciona para uno puede que no funcione para otro. Es como si para aprender a tocar el piano se fuese a clase a tomar apuntes de ¨teoría¨ y se memorizase cuántas teclas tiene y la historia del instrumento, pero no se escuchase nunca ni se hiciesen los ejercicios necesarios para aprender a tocarlo.

Diciembre de 2013

Elites y deferencia

Teresa Barro

Las elites manejaron el mundo a su antojo y en su provecho, no sólo porque tenían poder y riqueza para hacerlo, sino porque los de ¨abajo¨ siempre sintieron deferencia hacia los de ¨arriba¨, los consideraron superiores y soñaron con ser como ellos. El modo en que se manejaron las religiones ayudó a insertar la sumisión y adoración al superior en la sociedad humana.  Las elites estuvieron siempre divinizadas e idolatradas, y eso hizo que no perdiesen nunca el poder y se lo repartiesen entre ellas.

En este momento se ve con claridad que la política, la religión, la cultura, la enseñanza y la economía y el bienestar general de las naciones están en manos de las elites, y que esas elites lo que quieren es que haya pobreza, desesperación y falta de oportunidades para que todo tenga que depender de ellas. Se supone que el capitalismo crea riqueza, pero en el manejo de la economía de estas últimas décadas  no hubo el mínimo intento de crear prosperidad, sino de acabar con la poca que había para que las elites pudiesen dominarlo todo sin que nadie se opusiera. Hubo muy pocos emprendedores, aunque en teoría eso sería lo que tendría que fomentar el capitalismo: lo que hubo fueron especuladores y jugadores con el dinero de los demás, dedicados a embolsarse ellos y embolsar para sus amos enormes sumas de dinero que ninguno merecía.

 Pero lo que sostuvo en gran parte ese sistema fue la deferencia al ¨superior¨ que se consiguió con una propaganda encaminada a hacer ver que los que ganaban enormes salarios los merecían porque sin ellos la economía se hundiría, cuando fueron ellos los que la hundieron.  Si se despidiese a todos los que reciben esos salarios, en vez de despedir a los que trabajan de verdad, se descubriría que las cosas funcionarían mejor. Fue todo teatro de las elites para darse importancia y despertar deferencia en los ¨inferiores¨.

Las elites organizarán siempre mal la sociedad porque no quieren que funcione bien para todos, sino sólo para ellas. Quieren que haya que pasar hambre y frío, que haya sobrante de población y que no haya trabajo ni buena enseñanza y cultura para seguir imponiéndose y actuando en provecho propio, y que todo el mundo tenga miedo y se comporte con deferencia hacia ellas. Por eso habría que salirse del sistema que las favorece y partir de unos principios básicos que reconozcan el derecho indiscutible de cada persona que venga al mundo a cubrir las necesidades básicas del cuerpo y del espíritu.


Diciembre de 2013

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